La hija que abandoné volvió cuando más la necesitaba: una historia de arrepentimiento y perdón

—Y hay algo más. La casa y los vehículos que disfrutas pertenecen a la empresa. Tienes una hora para desalojarlos antes de que sean recuperados legalmente.

El final de su arrogancia

Todo estalló.

Camila comenzó a gritarle a Daniel.

—¡Me engañaste! ¡No tenías nada!

Estela se desmayó.

Los guardias de seguridad los retiraron mientras lloraban y suplicaban.

La sala quedó en absoluto silencio.

Me llevé una mano al vientre y sonreí.

No necesitaba a un hombre obsesionado con el estatus para criar a mi hijo.

Daniel comenzó a temblar.

—¿Tú…