me mostraste que solo amabas el dinero, el poder y las apariencias.
Estela cayó de rodillas.
—¡Perdónanos! ¡Somos familia! ¡Ese bebé es mi nieto!
La miré sin emoción.
—¿Nieto? ¿No fue usted quien lo llamó una carga?
Tomé una carpeta y la deslicé sobre la mesa.
—Señor Herrera, proceda.
Mauricio asintió.
—Por orden de la directora general, Daniel, Camila y Estela quedan despedidos con efecto inmediato. El ascenso queda cancelado.
Daniel cayó de rodillas.
—¡Por favor! ¡Podemos arreglar esto! ¡Rompamos el divorcio!
—Es demasiado tarde.
Lo miré por última vez.