preguntando cómo estaba o diciendo que no habían podido ir porque estaban ocupados.
No respondí con enojo ni
reclamé nada. Simplemente entendí que cada persona demuestra sus prioridades con sus acciones y no con sus palabras.
Hoy miro hacia atrás y pienso que aquellos quince días no fueron una pérdida de tiempo. Fueron una oportunidad para descubrir el verdadero valor de la presencia, la amistad y el cariño sincero. Aprendí que no importa cuántos contactostengas en el teléfono o cuántas personas reaccionen a tus publicaciones en