Krouch, el perro rechazado que sobrevivió gracias a la compasión.

La gente decía que traía mala suerte.

En una aldea, el miedo se convirtió en certeza. Los habitantes susurraban que Krouch era un mal presagio. Lo ahuyentaron. Se negaron a alimentarlo. Algunos incluso cruzaron la calle antes que pasar junto a él. La superstición se impuso a la buena voluntad.

No entendió nada.

Cuando los rescatistas lo encontraron, estaba exhausto, herido y al borde de la muerte. Su cuerpo se había demacrado. Los movimientos que antes le resultaban naturales ahora requerían un esfuerzo constante.

Historias como la suya suelen reducirse