PARTE 1
—Ponte este vestido y no me hagas pasar vergüenzas. Hoy vas a conocer al hombre con el que te conviene casarte.
Mi madrastra dejó el vestido floreado sobre mi cama como si estuviera aventando un costal. Yo tenía 21 años y llevaba 3 viviendo bajo sus órdenes en un pueblo de Los Altos de Jalisco, desde que mi padre murió después de una larga enfermedad. Conocía esa sonrisa de doña Ofelia: cuando la usaba, alguien terminaba humillado. Aquella mañana me tocaba a mí, y ella parecía disfrutarlo de