época fumaba constantemente. Dentro de casa, en el coche, incluso en la mesa mientras comíamos. Un día lo sorprendí con un cigarrillo en la mano. Me enfadé, pero me dijo algo que jamás he podido olvidar.
Martha respiró profundamente.
—Me miró directamente a los ojos y me preguntó: «Mamá, si fumar es tan malo, ¿por qué lo haces tú?».
La escuché en silencio.
—No tenía ninguna respuesta. En lugar de reconocer que estaba equivocada, busqué excusas. Pasaron los años y Daniel también se convirtió en fumador. Creció, formó una familia,