Mi suegra de 72 años fumaba todos los días delante de mis hijos pequeños, ignorando por completo mis súplicas desesperadas. Pero una noche, cuando los observé a escondidas, descubrí LO QUE LES ESTABA ENSEÑANDO A MIS DOS HIJOS. Lo más aterrador fue que ellos nikara siquiera se resistían… ¡AL CONTRARIO, LE SUPLICABAN A SU ABUELA QUE CONTINUARA!

pero nunca consiguió abandonar completamente aquel hábito.

Los ojos de Martha se llenaron de lágrimas.

—Cuando tenía cuarenta y dos años, enfermó gravemente. Los médicos nos dijeron que el tabaco había dañado muchísimo su salud. Lo perdimos. Y desde aquel día me despierto cada mañana haciéndome la misma pregunta: ¿por qué no escuché a mi hijo cuando todavía estaba a tiempo?

Me senté a su lado.

—Pero Martha, si eso fue lo que ocurrió, ¿por qué sigues fumando cerca de los niños?

Permaneció en silencio durante mucho tiempo.

—Porque he