pero nunca consiguió abandonar completamente aquel hábito.
Los ojos de Martha se llenaron de lágrimas.
—Cuando tenía cuarenta y dos años, enfermó gravemente. Los médicos nos dijeron que el tabaco había dañado muchísimo su salud. Lo perdimos. Y desde aquel día me despierto cada mañana haciéndome la misma pregunta: ¿por qué no escuché a mi hijo cuando todavía estaba a tiempo?
Me senté a su lado.
—Pero Martha, si eso fue lo que ocurrió, ¿por qué sigues fumando cerca de los niños?
Permaneció en silencio durante mucho tiempo.
—Porque he