con la abuela…
Pero lo más sorprendente todavía estaba por llegar.
Martha se levantó lentamente de su silla, se acercó a mí y habló con voz temblorosa.
—Sarah, si te cuento toda la verdad ahora mismo, quizá nunca más quieras verme en esta casa. Pero primero hay algo que necesito enseñarte.
Sacó una pequeña llave de su bolsillo.
—Abre el
último cajón de la cómoda de mi dormitorio. Allí encontrarás algo que he estado ocultando a toda la familia.
Cuando abrí el cajón y vi lo que había dentro, no