demás que hice, eso fue real.
Me quedé en el umbral y la miré. A esa mujer pequeña, mojada y temblorosa que me había criado, me había mentido y me había mantenido en una jaula de miedo durante treinta y un años.
—Sé que lo hiciste, mamá —dije—. Creo que esa es la peor parte.
Ella se estremeció.
Luego ella se subió al taxi y este arrancó por la calle Linden, y yo observé sus luces traseras rojas hasta que desaparecieron al doblar la esquina.