trae papeles.
—Ah, entonces no hay problema —dijo Garza, acomodándose el reloj—. No voy a gastar nuestro presupuesto ni a mover un dedo por un vagabundo borracho. La sangre es para gente que paga impuestos y tiene futuro, no para lacras. Si no pasa de la noche, lo mandan a la fosa común y ya.
—¡Pero doctor, ni siquiera huele a alcohol, se está muriendo! —lloró Lupita, frustrada.
—¡Es una orden, carajo! Nadie le pone una sola gota de sangre a ese viejo. El que lo haga, está despedido —sentenció,