dándose la media vuelta y saliendo del hospital.
Me quedé helada. El anciano gemía débilmente. Su vida se escapaba en esa camilla por culpa de la arrogancia de un imbécil con bata. Saqué mi pequeña libreta de espiral que siempre llevaba para comunicarme, escribí rápidamente y se la empujé a Lupita en el pecho.
Ella leyó y abrió los ojos como platos.
“Yo soy O negativo. Sácame sangre a mí. Transfusión directa. Ahora.”
Estaba a punto de cometer un delito médico gravísimo para salvar a un desconocido, pero no tenía