vida que volverás a hablar. Pero no volverás a limpiar pisos. A partir de hoy, vienes a trabajar a mi casa. Quiero que seas la cuidadora personal y acompañante de mi padre. Te pagaré el triple de lo que ganabas como maestra.
Pasaron seis meses. Seis meses en los que mi vida dio un giro que jamás imaginé. Vivía en la espectacular casa de los Mendoza en el sur de la Ciudad de México. Mi trabajo consistía en pasear a Don Rogelio por los inmensos jardines, escuchar sus historias de