lágrimas. Hizo una pequeña reverencia de respeto.
—Te debo la vida de mi padre. Pídeme lo que quieras. Dinero, una casa, lo que necesites, es tuyo.
Negué con la cabeza, sonriendo con tristeza, y escribí de nuevo: “No quiero dinero. Solo quiero recuperar mi voz. Quiero dejar de estar encerrada en el silencio. Y quiero que la Dra. Carmen sea la nueva directora del hospital, ella se lo merece.”
Carlos sonrió, asintiendo.
—Hecho. Y en cuanto a tu voz… conozco a los mejores especialistas del mundo. Te juro por mi