de mirar hacia todos lados, apenas y nos dio las buenas tardes. Firmó los papeles del traspaso sobre el cofre, arrebató el sobre con el dinero en efectivo que representaba todos mis ahorros de los últimos cinco años, y se subió a toda prisa a la camioneta de una mujer que ya lo esperaba con el motor encendido. Arrancaron quemando llanta.
—¿Ves? ¡Problemas de dinero! —Alejandro sonrió, agitando las llaves en mi cara.
—O problemas peores… Alejandro, ¿y si este coche está metido en algo chueco? ¿Y si nos acaban