grito ahogado y rasposo se murió en mi garganta antes de que la oscuridad me tragara por completo y perdiera el conocimiento.
Lo que no sabía en ese momento, tirada en el asfalto ardiente, era que el verdadero infierno no era el fuego que consumía ese maldito auto. El verdadero infierno estaba a punto de comenzar cuando despertara en la cama de un hospital y descubriera la verdadera cara del hombre al que amaba. No van a creer lo que hizo mi esposo mientras yo luchaba por mi vida…
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