La anciana me tomó de los hombros.
—No confundas que alguien tenga poder con que tenga la razón.
Tres días después llegó la noticia que llevaba años esperando.
Iván había sido localizado en Querétaro.
Aceptó declarar y entregar un disco externo que conservaba desde su renuncia.
Los especialistas comenzaron a analizarlo.
Una semana más tarde, Rafael me llamó para reunirme con una abogada llamada Gabriela Ríos.
Sobre su escritorio había dos versiones del mismo contrato.
Una contenía mi autorización.
La otra, guardada meses antes, no tenía ninguna firma mía.
—Los