destruir a otra persona.
Contraté una auditoría externa y cambié todos los procedimientos de autorización.
Aprendí que confiar en alguien no significa entregarle el poder de arruinarte.
El proceso penal contra Ricardo y Patricia continuó.
Cuando finalmente recibieron condenas de prisión por los delitos que se demostraron en su contra, asistí a escuchar la resolución.
Patricia se volvió hacia mí.
—¿Ya estás contenta? Me quitaste todo.
La miré sin reconocer a la niña que alguna vez había llevado de la mano a la escuela.
—No, Patricia. Yo habría preferido conservar