a mi hermana.
Ella abrió la boca, pero no encontró palabras.
Salí del tribunal sin sentir alegría.
La justicia había llegado, pero nadie podía devolverme los años perdidos ni traer de regreso a Lucía.
La última propiedad que logré recuperar fue nuestra casa de descanso.
Cuando recibí la resolución definitiva, fui sola a verla.
Los jardines estaban descuidados. Habían cambiado los muebles y convertido la habitación de Lucía en una oficina.
Me quedé junto a aquella puerta durante mucho tiempo.
Después regresé al pueblo.
Mercedes estaba pelando manzanas.
—Recuperé la