El día que mi esposo me em-pu-jó em-ba-razada, dejé de esperar que algún día me amara

Silencio.

—Seis.

Daniel apretó el volante.

—¿Adrian sabe?

—No.

—¿Te caíste?

Miré por la ventana.

—Me empujó.

El auto se desvió ligeramente.

Daniel recuperó el control.

—¿Qué?

—No lo sabía.

—Eso no mejora nada.

—Lo sé.

—Evelyn.

Su voz cambió.

—¿Quieres que llame a la policía?

Negué.

—Todavía no.

—¿Todavía?

—Necesito saber si el bebé está bien.

Daniel no insistió.

Eso fue lo primero que alguien hizo por mí aquella noche.

No decidir.

No minimizar.

No presionar.

Solo escuchar.

2. “El embarazo continúa”
La sala de urgencias olía a desinfectante.