El día que mi esposo me em-pu-jó em-ba-razada, dejé de esperar que algún día me amara

a llorar.

Daniel, de pie junto a la puerta, miró al suelo para darme intimidad.

—El embarazo continúa —dijo Rachel—. Pero tiene un pequeño sangrado subcoriónico.

El miedo regresó.

—¿Es grave?

—Puede resolverse solo. Pero necesita reposo, evitar estrés intenso y volver inmediatamente si aumenta el sangrado o aparece dolor severo.

Asentí.

—¿El golpe pudo causarlo?

La doctora me miró.

—Es posible.

—Entiendo.

Rachel bajó la voz.

—Evelyn, necesito preguntarle algo por protocolo.

Sabía qué vendría.

—¿Se siente segura en casa?

Miré la pantalla.

Mi hijo.

Después pensé en Adrian.