El día que mi esposo me em-pu-jó em-ba-razada, dejé de esperar que algún día me amara

que sí.

Levanté una ceja.

—¿Creíste?

—Ahora no sé.

—Eso es problema tuyo.

—Evelyn.

—No me interesa saber si la amabas o si solo estabas obsesionado con protegerla.

—A mí sí.

—Entonces resuélvelo en terapia.

Julian tosió para ocultar una sonrisa.

Adrian me miró.

Después mi abdomen.

—Quiero ser padre.

—Tendrás derechos y obligaciones según lo que determine el tribunal.

—No quiero hablar como si fuéramos extraños.

—Nos convertimos en extraños mucho antes de firmar papeles.

21. Mi madre
Mientras todo explotaba, empecé a soñar menos con mi madre.

Eso