había pasado demasiados años creyendo que el amor debía doler para ser profundo.
36. Adrian se entera
Grace se lo dijo.
—Mamá tiene novio.
Adrian casi dejó caer el vaso.
—¿Ah sí?
—Tío Daniel.
Silencio.
—¿Desde cuándo?
—No sé.
Grace estaba ocupada con plastilina.
—¿Te cae bien?
Adrian pensó.
—Sí.
—Entonces bien.
Los niños simplifican cosas.
Él me llamó esa noche.
—Grace me contó.
—Sí.
—Daniel.
—Sí.
Silencio.
—¿Estás feliz?
Pensé.
—Sí.
Otro silencio.
—Bien.
Su voz se quebró apenas.
—Me alegro.
—Gracias.
—No voy a decir nada más.
—Eso