Aquella frase me dejó quieta.
—No entiendo.
—Cada vez que hablábamos, tú decías: “Bruno está ocupado”, “Gabriel anda liado”, “Sofía está pasando por algo”, “Adrián tiene mucho trabajo”. Siempre estabas explicando por qué los demás no estaban.
Bajé la mirada.
Laura continuó:
—Nunca escuché a ninguno explicar por qué tú faltabas.
No supe qué decir.
Me ofreció el trabajo esa misma tarde.
Acepté.
No se lo conté inmediatamente a Adrián.
No por venganza.
Por cansancio.
Sabía lo que ocurriría.
Me diría:
“Qué bien”.
Después preguntaría cuánto iba a ganar.
Luego