No lo dijo con maldad.
Eso era quizá lo peor.
Para Adrián era una pregunta normal.
Yo estaba sin trabajo.
Por supuesto que debía haber tenido tiempo para cocinar.
—No.
—Bueno, pido algo.
Sacó el móvil.
—¿Quieres?
—No.
—¿Seguro?
—Sí.
Se dejó caer en el otro extremo del sofá.
—Estás rara.
Y ahí estaba.
La frase que utilizan muchas personas cuando no quieren preguntar qué han hecho.
Estás rara.
No “¿qué ocurre?”.
No “¿estás bien?”.
Estás rara.
Como si el problema fuera una modificación espontánea en mi carácter.
—Estoy cansada.