Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

—Pero si ahora no estás trabajando.

Lo dijo riéndose.

Él mismo pareció darse cuenta de que no era gracioso.

—Quiero decir…

—Sé lo que quieres decir.

—No te lo tomes así.

—¿Así cómo?

—No sé.

Suspiró.

—Últimamente todo te molesta.

No respondí.

El repartidor llegó.

Adrián comió frente a la televisión.

Yo fui al dormitorio.

En una esquina del armario había empezado a separar mi ropa.

No se dio cuenta.

El viernes por la mañana escribí a la inmobiliaria.

El contrato del apartamento estaba a nombre de los dos, pero