Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

Como cuando alguien recuerda añadir una silla después de contar invitados.

Adrián levantó la mirada.

—¿Vienes?

—No.

—¿Tienes algo?

—Sí.

—¿Qué?

—Planes.

Frunció el ceño.

—¿Con quién?

Era una pregunta pequeña.

Pero me molestó.

—Conmigo.

Soltó una risa.

—Vale, misteriosa.

Se fue una hora después.

Yo aproveché para llevar tres cajas a casa de mi hermana.

Sofía me escribió en privado esa tarde.

«¿Está todo bien?»

Me sorprendió.

Abrí el chat.

Tardé en responder.

«Sí».

Contestó casi inmediatamente.

«Adrián dice que estás sensible por lo del despido».

Ahí estaba.

No “