Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

contesté.

—Lo siento muchísimo.

Escuchaba voces detrás.

—Vale.

—Se me fue completamente.

—Sí.

—Vuelvo ahora.

—No hace falta.

—Claro que hace falta.

—Quédate.

—No empieces.

Aquella frase.

No empieces.

La escuché y sentí que algo se apagaba.

—No estoy empezando nada.

—Sabes a qué me refiero. Sofía está pasando por un problema serio.

—¿Qué problema?

Silencio.

—Ha discutido con su jefa.

Me reí.

No pude evitarlo.

—¿Eso es serio?

—Para ella sí.

—Y que me despidieran no.

—No mezcles.

—No estoy mezclando nada.

—Elena…

—Quédate con ella.

Colgué.

Adrián llegó