«¿Cuánto?»
«No sé».
«¿Hay alguien más?»
Cerré los ojos.
Era increíble lo difícil que resulta para algunas personas aceptar que una mujer puede irse sin tener un reemplazo preparado.
«No».
«Entonces no entiendo».
«Ese es parte del problema».
No respondió.
Pasamos casi dos meses sin hablar.
En diciembre volví a Madrid por Navidad.
No avisé al grupo.
Me quedé con mi hermana.
El día veintitrés fui a comprar regalos y me encontré con Gabriel en una librería.Ver calendarios
Nos miramos desde dos pasillos distintos.
—Elena.
—Hola.
Se acercó.
Parecía