no me dejó agotada.
La Nochebuena recibí mensajes de todos.
Bruno:
«Feliz Navidad. Sé que fui un idiota. No voy a escribir un discurso, pero lo siento».
Gabriel:
«Feliz Navidad. Gracias por no mandarme al diablo en la librería».
Sofía:
«Espero que estés bien. Te extraño».
Adrián no escribió.
A medianoche, mi teléfono vibró.
«Feliz Navidad, Elena».
Nada más.
Respondí:
«Feliz Navidad».
Y sorprendentemente no lloré.
En enero me ascendieron.
No un gran salto.
Me dieron liderazgo permanente sobre dos cuentas y un pequeño aumento.
Laura reunió al equipo.
Hubo