—Yo tampoco.
Se hizo silencio.
—Elena, necesito decirte algo.
Esperé.
—Cuando empezamos la universidad, yo te envidiaba.
Aquello sí me sorprendió.
—¿A mí?
—Tú eras buena en todo.
Sacabas mejores notas.
Tenías claro qué querías.
Eras independiente.
Yo era…
Se encogió de hombros.
—La chica simpática.
—Eso no es cierto.
—Así me sentía.
Jugó con la cucharita.
—Después empecé a notar que Bruno siempre venía cuando lo llamaba. Gabriel también. Adrián…
Levantó la vista.
—Me gustaba.
Mi pecho se tensó.
No dijo “me gustaba antes”.
Solo “me gustaba”.
—¿Estabas enamorada