Agradecí que no intentara disfrazarlo.
—Me gustaba saber que si llamaba, alguien venía. Me gustaba ser importante.
—Lo entiendo.
—No debería haber sido a costa tuya.
—No.
Lloró.
—Lo siento.
Yo también tenía lágrimas.
—Gracias por decirlo.
—¿Puedes perdonarme?
Pensé mucho.
—Puedo.
Sus ojos se iluminaron apenas.
—Pero eso no significa que podamos volver a ser como antes.
Asintió.
—Lo sé.
—No quiero volver a ser como antes.
—Yo tampoco.
Nos abrazamos al salir.
No recuperé a mi mejor amiga ese día.Ver calendarios
Pero dejé de cargar a una