Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

enemiga que nunca había existido del todo.

A veces las relaciones no se rompen porque una persona sea cruel.

Se rompen porque dos personas permiten durante demasiado tiempo una dinámica que daña a una de ellas.

Reconocerlo no obliga a reconstruir.

Solo permite cerrar sin odio.

Bruno tardó más.

Él estaba enfadado conmigo.

Me lo dijo directamente.

—Desapareciste.

Hablamos por videollamada en marzo.

—Me fui a trabajar.

—Sabes a qué me refiero.

—Sí.

—Podrías habernos dado una oportunidad de arreglarlo.

—Os di años.

—No sabíamos que había un problema.

—Ese