de la ruptura.
No porque lo planeáramos.
La empresa de él tenía una convención en Barcelona.
Yo salía de un restaurante con compañeros cuando escuché mi nombre.
—Elena.
Me giré.
Allí estaba.
Traje oscuro.
Corbata.
Más delgado.
Durante un segundo mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza.
Cuatro años de costumbre.
El deseo automático de acercarme.
Sonreír.
Preguntar cómo estaba.
Lo hice, pero desde otro lugar.
—Hola.
—Hola.
Mis compañeros percibieron la tensión.
Laura, que estaba con nosotros, me dio un beso en la mejilla.
—Nos vemos mañana.
Se fueron.