Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

menos.

—Qué frustrante eres.

Sonreí.

—Siempre lo fui.

—No. Antes eras más fácil.

Su frase quedó suspendida.

Los dos la escuchamos.

Bruno cerró los ojos.

—Mierda.

—Sí.

—Eso ha sonado fatal.

—Pero ha sido sincero.

—No quería decir…

—Querías decir que antes yo aceptaba más cosas.

Silencio.

—Sí.

—Y por eso era más cómoda.

Se frotó la cara.

—Creo que empiezo a entender.

—Bien.

—No prometo que me guste.

—No tiene que gustarte.

Terminamos la llamada mejor de lo que empezó.

Adrián y yo volvimos a vernos siete meses después