Adrián miró a Laura alejarse.
—Así que esa es la famosa Laura.
—Sí.
—Le debo una.
—¿Por contratarme?
—Por llevarte.
Sonreí.
—Yo me fui sola.
—Lo sé.
Caminamos.
—¿Tienes prisa?
—No.
Nos sentamos en una terraza.
Al principio hablamos de trabajo.
Luego de nuestras familias.
Después del grupo.
—Gabriel dice que ahora eres la sensata del grupo —dije.
—Eso demuestra lo mal que está todo.
Me reí.
Adrián sonrió.
—Extrañaba eso.
La risa desapareció lentamente.
—No hagas esto.
—¿Qué?
—Convertir cada conversación en una prueba de que todavía podríamos.
Bajó