Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

No porque necesitara la aprobación.

Simplemente porque quería compartirlo.

«Me ascendieron».

Esta vez los cuatro respondieron casi inmediatamente.

Gabriel:

«¡Felicidades!»

Bruno:

«Cena obligatoria cuando vengas».

Sofía:

«Sabía que lo conseguirías».

Adrián tardó un poco más.

«Estoy orgulloso de ti».

Miré la pantalla.

Sentí algo cálido.

Pero ya no era hambre.

No estaba esperando esas palabras para sentir que mi ascenso existía.

Ya había brindado.

Ya había llorado.

Ya había celebrado.

Ellos estaban sumándose a mi alegría.

No creando su valor.

Y esa diferencia significaba todo.

El reencuentro de los cinco