tardé en aceptarlo. Tú también. Y terminó.
—Muy poco cinematográfico.
—La vida suele serlo.
Sonrió.
—Te quise mucho.
Lo miré.
—Yo también.
No añadimos “todavía”.
No hacía falta.
Algunas formas de cariño sobreviven sin convertirse en una invitación.
Bruno se casó al año siguiente.
Invitó a los cinco.
Yo fui con un compañero de trabajo llamado Daniel.
No era mi novio.Organizar Boda
Al menos todavía no.
Adrián llegó solo.
Sofía también.
Durante la recepción, Daniel me preguntó:
—¿Ese es tu ex?
—Sí.
—Parece agradable.
—Lo es.
—Eso complica odiarlo