por ti.
Me reí.
—No necesito que lo odies.
—Bien. Me cansan las rivalidades masculinas.
Bailamos.
En un momento miré hacia una mesa.
Adrián estaba hablando con Sofía.
Me sorprendió que no sintiera absolutamente nada.
Ni celos.
Ni curiosidad.
Ni esa vieja presión en el pecho.
Solo reconocí a dos personas que habían formado parte importante de mi vida.
Daniel me preguntó:
—¿Dónde estás?
—Aquí.
Y por primera vez fue completamente cierto.
Meses después, Daniel y yo empezamos a salir.
Muy despacio.
La primera vez que tuve una semana horrible