entendí que el tiempo invertido no convierte una relación en buena.
Solo la convierte en larga.
Una vez, mucho después, Sofía me preguntó:
—Si yo no hubiera escrito lo del ascenso justo después de tu despido, ¿te habrías ido igualmente?
Pensé.
—Sí.
—¿Cuándo?
—No sé.
—Entonces aquel día fue casualidad.Ver calendarios
Negué.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no fue la causa.
Fue el momento en que ya no pude seguir fingiendo que no veía lo que estaba pasando.
Sofía asintió.
—A veces pienso en el pastel.
Sonreí.
—Yo también.
—Adrián