padres, se quedó inmóvil.
—¿Álvaro? ¿Qué haces aquí?
Sonreí sin alegría.
—He venido a visitar a mi familia.
Mónica apareció detrás de él.
Su expresión cambió al ver a Laura.
—¿Quién es esa mujer?
—Mi abogada —respondí.
Sergio soltó una carcajada nerviosa.
—¿Una abogada? ¿Para qué?
Lo miré fijamente.
—Para revisar las cuentas de nuestros padres y los documentos que
quieres que firmen mañana.
El silencio fue absoluto.
Mónica dejó caer las llaves sobre la mesa.
Sergio se puso rojo.
—No tienes derecho a meterte en nuestros asuntos.
Me levanté