la madre y se lo decía.
Lo entregué sano y salvo.
La entregué sana y salva.
Me lo dijo. Cientos de veces. Cuando Joel estaba en kínder, primero y segundo de primaria, antes de que yo empezara a recogerlo directamente en la escuela. Yo solía esperar en la esquina de Elm y Fifth con el cochecito. Y Lou cruzaba la calle con Joel, con su gran señal de stop naranja en alto. Y me lo decía.
Lo entregué sano y salvo, señora.
No lo había