aceptada en una universidad privada de la Ciudad de México, de esas donde los apellidos pesan más que las calificaciones.
A mí también me habían aceptado. No en una universidad de lujo, sino en la Universidad Estatal de Jalisco, una buena escuela, pública, seria, donde podía estudiar Economía si lograba pagar transporte, libros, cuotas, renta y comida. Pero mis padres ya habían decidido antes de sentarse conmigo.
—No hagas drama, Daniela —dijo mi mamá, acomodándose el collar—. Mariana necesita más apoyo. Ella sabe convivir, sabe presentarse, tiene carisma. Tú eres