allí durante siglos.
A los ocho metros encontraron el primer indicio significativo: un trozo de tela roja, posiblemente parte del cortaviento de Julián. Estaba rasgado, pero no por una caída brusca; más bien parecía arrancado intencionalmente, como una marca o señal.
—Esto es deliberado —dijo Morel—. Julián estaba intentando dejar rastro.
La teoría encajaba con algo que siempre había inquietado a la familia: Julián era un senderista experimentado. No era lógico que hubiera desaparecido en un recorrido de dificultad media. Pero si había elegido un camino alternativo por algún motivo,