quizá para refugiarse de una tormenta repentina, tendría sentido que intentara orientarse con señales.
Tres metros más abajo hallaron la segunda pista: un pequeño envoltorio metálico, con fecha de caducidad de dos años después de la desaparición. Aquello los dejó perplejos. Parecía indicar que alguien —no necesariamente Julián— había llevado comida allí después del año 2020.
—¿Es posible que alguien haya usado esta grieta como escondite? —preguntó uno de los técnicos.
—O que alguien haya encontrado a Julián y Clara —respondió Morel—. Y que no avisara.
El descenso se volvió