a salvo.”
Ana siguió leyendo.
Había nombres.
Equipo.
Cuentas bancarias.
Propiedades.
Y referencias a una sociedad que aún existía.
Marković Holdings.
Su corazón comenzó a latir más rápido.
Buscó información pública sobre la empresa.
Descubrió que estaba gestionando hoteles, terrenos y edificios comerciales.
Una empresa valorada en millones.
Y fue entonces cuando comprendió por qué Viktor quería comprar la casa.
Quizás no estaba buscando oro.
Estaba buscando los documentos.
A la mañana siguiente, Ana fue al despacho de una abogada llamada Ivana Kostić.
Ella le explicó todo.
Comprar la casa.