¡SUELTEN A MI NANA! La hija del millonario irrumpió en pleno juicio y destapó el asqueroso secreto de su madrastra. kara

de que la ley se aplique de la misma manera que a cualquier otra persona.

Dos agentes se acercaron a Valeria.

Por primera vez desde la muerte de Arturo, las cámaras dejaron de enfocarla como la pobre viuda.

Ahora la estaban grabando como sospechosa.

—¡No! —gritó Valeria—. ¡No tienen derecho!

Pero Sofía dio un paso al frente.

—Sí tienen.

Todos voltearon hacia ella.

La niña tenía lágrimas en los ojos, pero su voz ya no temblaba.

—Porque mi papá merece que se sepa la verdad.

Valeria la miró con odio.