No habló mucho durante el trayecto.
Miraba por la ventanilla y tarareaba una melodía que yo no reconocía.
Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia.Cuando entramos en el edificio del juzgado, Andrés ya estaba allí.
Sonrió al vernos.
—Buenos días —dijo como si nos hubiéramos encontrado por casualidad.
Mi madre no respondió.
Lucía tampoco.
La sala parecía un escenario preparado para una obra en la que todos conocían su papel menos yo.
El abogado de Andrés comenzó hablando de estabilidad.
Mencionó