PARTE 1
“No puede comprar ni un kilo de tortillas, señora. Su tarjeta está rechazada.”
Eso me dijo la cajera en La Comer, frente a una fila llena de gente que fingía no mirarme.
Yo tenía el carrito con pollo, jitomates, pan dulce para mis nietos y una botella de aceite de oliva que a mi esposo Tomás le encantaba escoger como si fuera perfume caro. Pasé la tarjeta de crédito.
Rechazada.
Pasé la de débito.
Rechazada.
Saqué la tarjeta de emergencias, esa que nunca había fallado en treinta y