Mi hijo congeló todas mis tarjetas para que ni siquiera pudiera comprar comida… Pensó que ya controlaba nuestro imperio automotriz de 720 millones de pesos, hasta que una llamada del banco me reveló que él no tenía idea de quién seguía teniendo la última llave.

A las 8:10, su tarjeta no abrió el elevador ejecutivo.

A las 8:14, su asistente le dijo que no podía imprimir documentos sin autorización legal.

A las 8:20, el contador general, don Ernesto, lo invitó a una junta urgente del consejo.

Yo ya estaba conectada desde la oficina de Marina, con la misma blusa blanca que Tomás decía que me hacía ver peligrosa.

Alejandro entró furioso.

Fernanda venía atrás, con bolsa de diseñador y cara de esposa preocupada.

“¿Qué teatro es este?”, soltó él.

Marina se inclinó