Mi hijo congeló todas mis tarjetas para que ni siquiera pudiera comprar comida… Pensó que ya controlaba nuestro imperio automotriz de 720 millones de pesos, hasta que una llamada del banco me reveló que él no tenía idea de quién seguía teniendo la última llave.

me explicaron su plan.

Vender tres agencias. Liquidar activos. Usar documentos que, según ellos, yo había firmado “sin acordarme”. Darme una mensualidad “digna”. Sacarme de las decisiones. Tal vez convencerme de vender mi casa para mudarme a una residencia “más adecuada para mi edad”.

Yo los escuché en silencio.

Hasta que Alejandro sacó dos billetes de quinientos pesos y me los extendió.

“Ten, mamá. Para tu súper.”

No los tomé.

“Prefiero quedarme sin comer que aceptar limosna de mi propio hijo.”

Fernanda me miró de arriba abajo.

“Ya volverá. El